Carta 39 Febrero. Comunidades lésbicas

Yo no te conozco. No sé quién eres, no sé qué le gusta a la persona que hay detrás de {{ contact.EMAIL }}, si le gusta bailar sola en el salón de su casa cuando estás estresada o si hace un batchcooking los domingos para toda la semana. No sé si eres femme o butch o una cosa intermedia. No sé si vives precaria o tienes la vida resuelta. O una cosa intermedia. Y aún así siento que estamos conectadas1

Ya hablé del hilo que nos unía a todas las sáficas (pausa publicitaria). Hoy quiero hablar de comunidades porque, ya sea de las que bailes en el salón o te hagas la comida de la semana los domingos, ya seas femme, butch o algo intermedio, aunque no te conozca de nada, seguro que alguna vez has fantaseado con la idea de desaparecer en una comuna lésbica en mitad del monte. Un huerto, algunas gallinas, debates eternos sobre teoría queer alrededor de una hoguera. Cortar leña (aunque no has cogido un hacha en tu vida), construir una valla con tus propias manos para que luego otras la pinten y decoren (o igual eres tú la que está en el equipo de pintura y decoración, no lo sé porque no te conozco). Yo sería feliz ahí. Y además sería útil porque soy bastante mañosa.

Es un pensamiento recurrente en estos tiempos que corren demasiado.

Además, cosas de la vida rural, yo tengo un sitio donde poder hacerlo, así que mis fantasías están geolocalizadas con su referencia catastral y todo.

Vivir en comunidad es una experiencia que estamos perdiendo. Y para las mujeres es algo vital, me atrevería a decir. Los corrillos en la fresca los veranos, los clubes de lectura (que convierten una actividad solitaria e íntima en una colectiva), las clases de zumba... están llenas de mujeres porque necesitamos estar en comunidad.

Siguiendo con el hilo de autoras lésbicas del que te hablé hace un par de cartas (carta-37-enero-el-hilo-que-nos-une), hay un par de "comunas" en las que me hubiera encantado participar: la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club, ambas fundadas por María de Maeztu.

Siempre me he imaginado la Residencia de Señoritas como un edificio vivo, lleno de mujeres entrando y saliendo, de despertares intelectuales y admiraciones mutuas.

Allí fueron alumnas Victoria Kent o Elena Fortún, y profesoras Maruja Mayo, María Zambrano, María Goyri o Victorina Durán.

El objetivo era preparar a las chicas para la universidad. Además, tenía una convenio con intituciones internacionales que permitió el intercambio de alumnas y profesoras de otros países (latinoamericanos principalmente) que ampliaba esta sensación de comunidad y de no estar sola.

Podríamos decir que la Residencia de Señoritas impartía los estudios formales y el Lyceum Club los informales. Y lee esto último con el doble sentido que le quiero dar.

En el Lyceum se organizaban charlas, conferencias, debates, exposiciones, performances (memorable la de Rafael Alberti). Aunque con menosprecio los señoros del momento las llamaban "las maridas" porque muchas de ellas eran "mujeres de", hubo varias mujeres que, con tanta comunidad, exploraron su lado sáfico.

Entre las lesbianas ilustres, las ya mencionadas Victorina Durán, Victoria Kent y Elena Fortún. También os he hablando de Carmen Conde, otra habitual del club.

De esas redes que tejía el Lyceum surgió el "Círculo sáfico" liderado por Durán y que era el equivalente al "Círculo de costura" neoyorkino, Al que pertenecían ídolos del cine como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Joan Crawford y Barbara Stanwyck.

Hay mucha literatura en torno al Lyceum Club. Si no sabes nada de nada, te recomiendo que comiences con su entrada en la Wikipedia. Este año se celebra su centenario y el Ministerio de Cultura ha programado una serie de actos para conmemorarlo, así que seguramente empezarás a oírlo por otros lados.

Lejos de lo que pueda pensarse hoy en día, en esta sociedad individualista, la vida en comunidad es un caldo de cultivo para conocerse a una misma. Conocer y confrontar a todas las mujeres, las que habitan en ti y las que están fuera, es la mejor manera de descubrir qué piensas, cómo te enfrentas a otras personas, a otras ideas, quién eres, en definitiva, dentro de este mundo.

Los círculos, los clubes, las comunidades son espacios seguros donde poder ser y expresarte. Necesitamos comunidades y hoy en día estamos más aisladas que nunca. No te culpes, el sistema está diseñado para que así sea. Por eso es importante romper las dinámicas que nos aíslan, en Internet y en la vida.

Otro ejemplo que quería traer hoy aquí que rompe no sólo con la dinámica del individualismo sino también con la de la vivienda es la Morada, un complejo resildencial cooperativista y queer. La Morada está integrada por mujeres, lesbianas, trans y otras identidades queer que apuestan por organizar la vida y los cuidados más allá del modelo de la familia nuclear. Una representación habitacional del "continuum lésbico" que promulgaba Adrienne Rich que, aunque no está exento de retos y desafíos porque egos y dinámicas de poder hay en todas partes, nos hace tener un poquito de esperanza en que otro mundo es posible.

Así que ve a zumba, apúntante al club de lectura, escribe una carta a una desconocida... vive la vida con tus mujeres.

Y de paso, aprende un oficio, de esos que pueden ser útiles en una comuna lésbica; yo voy preparando el terreno