Carta 38 Todas las mujeres que viven en mí

Estas Navidades le regalaron a mi novia el Spotify Premium y, como consecuencia, estamos escuchando mucha más música. También le regalaron un altavoz bluetooth y suena tan bien que me lo llevo a todos los lados. Si voy a la cocina, ahí que va, con algún podcast de fondo. Si voy a la habitación para hacer la cama, me acompaña. Ya estoy deseando que sea verano para tomarnos algo en el balcón mientras escuchamos música :)

El otro día lo puse mientras me duchaba. La ducha es uno de los momentos más inspiradores, donde surgen las mejores ideas, justo cuando no tienes dónde escribir. De fondo sonaba "Inventas" de Vanesa Martín. Ya sabes:

"Inventas una excusa más y te lamentas
Mi lector de ojos no te encuentra
Como sí que encuentra tu intención"

Esta canción empieza con una frase que siempre ha resonado mucho conmigo desde la primera vez que la oí: "De todas las mujeres que viven en mí, juro que hay algunas que yo ni conozco".

Y resuena mucho conmigo porque yo escribo para conocer todas las mujeres que habitan en mí. Con los años he entendido que las historias que me invento son solo el pretexto, la excusa para hacerme preguntas que no sabría responder en voz alta, o que no podría hacerlo sin la pausa y la reflexión que ofrece la ficción.

Cada novela que escribo va de un personaje que busca su identidad.

Por ejemplo:

Sólo por nombrar algunas.

Llevamos años escuchando que la identidad no es un punto de llegada, sino una pregunta que se reformula cada vez que cambiamos de contexto, de cuerpo, de deseo, de miedo. Hay personas que usan la performance diaria para explorar su identidad. Otras el arte o la política. Yo uso la escritura.

Hay mujeres dentro de mí a las que no conozco. Y sé que solo podré encontrarlas escribiendo, sacándolas a la luz, dejándolas existir sin pedirles que me representen bien. No me tomo la escritura como un acto de afirmación o de representación, sino más bien de exploración.

Al habitar otras vidas desde dentro, empiezo a comprender no solo qué decisión podría tomar en ciertas circunstancias, sino por qué esa decisión es, en ese momento, la única posible. Entender no significa justificar, pero sí complejizar el juicio, y quizá también volverlo más humano.

Si como lectora tienes la sensación de que una novela habla de ti, probablemente sea cierto. No porque yo te conozca o porque tú seas de lo más común, sino porque he aprendido que cuanto más radicalmente personal es una pregunta, más universal se vuelve el relato que cuenta.

Por eso, cuando escribo, aprendo a conocerte, aunque nunca sepa exactamente quién eres cuando lees estas líneas. Lo hago porque intuyo (¿intuimos?) que el gesto es compartido: tú lees para entenderte y yo escribo para hacer lo mismo, y en ese punto intermedio, frágil y poderoso a la vez, ocurre algo parecido a un reconocimiento. Ocurre un "es que soy yo literal".

Escribo desde mí, sí, pero ese “mí” nunca es estable ni unitario. Dentro de mí habitan muchas mujeres, y no todas están de acuerdo entre ellas. En ese proceso aparecen mujeres que reconozco enseguida y otras que me resultan más incómodas, ajenas, incluso desagradables. También ellas soy yo, aunque preferiría no admitirlo.

Escribo y seguiré escribiendo sobre todas las mujeres que habitan en mí porque en algún lugar de estas historias, hay una mujer que también habita en ti, y que quizá aún no conoces.

Gracias por leerme. Gracias por acompañarme en esta búsqueda que no termina.