Carta 34 Octubre. Nos hacemos mayores

Esta no es la carta que iba a escribir. Tenía una casi terminada que era una mierda pinchada en un palo. Un mejunje de ideas en el que terminaba por echar la culpa a la IA y al algoritmo de la basura que se nos está colando como cultura. Básicamente un "escritora sáfica gritando a las nubes". Apelaba a vosotras como parte responsable de esa cultura que estamos construyendo y refunfuñaba contra la ultraderecha dueña de los algoritmos que nos dominan. Pero ayer fui de concierto y he decidido hablar de otra cosa.

Agradece a Vega este cambio de tema.

Fui con mi novia, que fue quien me "presentó" a esta artista. Yo la conocía, obviamente, pero me había quedado en la Vega de la segunda edición de OT, aquella que no hacía más que llorar y vivir enfadada y enemistada con la favorita de la edición, Ainhoa Cantalapiedra.

Si no sabes de quiénes te estoy hablando, no te preocupes, es que eres mucho más joven que yo.

Si sabes de lo que te estoy hablando, quizá debas ir a revisarte la vista porque esos problemas de enfoque pueden ser síntoma de presbicia.

Fuimos al concierto en coche y yo para conducir necesito gafas.

La primera vez que fui a un concierto de Vega, arrastrada por mi, por aquel entonces, novia veinteañera (no asustarse, es la misma de ahora), no usaba gafas. Y cuando me las ponía pensaba: "Vega habrá ido viendo cómo su audiencia se ha ido haciendo mayor también, con más canas en el pelo (y en otras partes del cuerpo) y con cristales enmarcados encima de la nariz".

Y lejos de resultarme triste (ay, la vejez) me gustó esa idea. Me gustó la idea de que Vega creciera junto a su audiencia, de que tuviera fieles que la siguieran, que la hayan visto madurar musicalmente y entender sus letras con el paso de los años, como si cada uno de sus discos marcara una etapa vital también en su audiencia.

Esta semana antes del concierto, escuché mucho a Vega mientras iba a trabajar (en coche, vivo fuera de Zaragoza) y conforme iban sonando canciones yo pensaba "esta es de la etapa en la que empezábamos a salir", "esta es de cuando nos mudamos", "esta la escuchamos en la sala López y ya sabemos lo que tenemos que gritar (¡Salve Reina!)"... Y así.

Y yo que soy una envidiosa pensé: "¿Yo tendré esto? Tendré lectoras que me sigan desde Nico, por favor (2015) o las enganché más tarde con Mi mentira más sincera (2021)? Si hiciera un encuentro o una sesión de firmas: ¿vendrían desde Logroño o Pamplona a verme? ¿Tendrían mis lectoras ya patas de gallo y tinte en el pelo?

Ojalá.

Yo, como Vega, cada año soy más vieja y aguanto menos mierdas, también en lo literario. El pasado mes de septiembre es el que menos he vendido en Amazon (16€) y este mes de octubre va por el mismo camino. Y me da igual, la verdad [1]. Quizá tú, como lectora, también te hagas más vieja y también aguantes menos mierdas y nos estemos quedando solas.

Voy a centrarme antes de volver a quejarme de algoritmos e IA.

Así que aprovecho para preguntarte:

¿Con qué novela me conociste? ¿Eres de las que sigues desde el inicio o te acoplaste más tarde? ¿Me lees en Kindle o prefieres comprar en la web o en físico? Y sobre todo, ¿tienes ya cita para el oftalmólogo?

Vengas desde cuando vengas, muchas gracias por leerme :)

***
  1. A ver, no me malinterpretes: me da igual no vender por haber desaparecido en el mercadeo por la atención, no me da igual si eso significa que están pirateando mis novelas. Eso siempre jode porque significa que hay interés pero no se valora. ↩︎