Carta 31 Julio. Hackeada viva
¡Estoy oficialmente de vacaciones!
Cuando era pequeña las vacaciones llegaban lánguidamente. Los últimos días del cole eran juegos y "repasos" de la materia, pero profesores y alumnos sabíamos que aquello no era más que un tiempo extra, un tocar el balón hasta que el árbitro pite el final, como mucho, un arrinconamiento cobarde en el córner para que no te quiten la pelota y dejar morir el partido ahí.
Se nota que fui futbolista, ¿no? Además, estamos ahora con la Euro femenina, que se note.
En mi caso los veranos eran levantarme sin prisas y desayunar leche con colacao y una tostada que me hacía mi abuela con la nata de la leche y un poco de azúcar. Luego hacía un par de páginas de las Vacaciones Santillana de Matemáticas y finalmente, acompañaba a mi abuela a hacer la compra, o la hacía yo sola. Luego veía la tele y esperaba a que llegaran mis padres de trabajar para comer, echar una siesta e ir a la piscina. Tras la cena, salía con las amigas a dar una vuelta y... Bueno, si quieres saber más sobre cómo eran mis veranos, te puedes hacer una idea en Mi mentira más sincera.
Lo que venía a decir aquí es que de adulta las vacaciones no llegan lentas, sino apresuradas, casi sin darte cuenta. Sí, cuentas los días, pero la jornada laboral te arrastra. Quieres dejarlo todo cerrado, escribir buenos emails para que te hagan el backup y desear fuerte que no pase nada que no pueda esperar un par de semanas.
De adulto las vacaciones no son vacaciones, son una compuerta que cierras para que tus mierdas laborales se contengan unos días, pero sabes de sobra que a la vuelta te caerán todas encima. Es decir, que la semana de antes y la de después de las vacaciones trabajas (produces) el doble para compensar lo que no vas a trabajar (producir) en tus vacaciones. Al menos así es en mi caso.
Pero bueno, que tampoco vamos a decir que no a un par de semanas libres.
Además, este verano estoy doblemente liberada. Primero por las vacaciones y segundo porque, como te comenté en un email hace unos días, me han hackeado la cuenta de Instagram. Ya lo comentaba en ese email: para mí, más que un chandrío (como se dice en mi tierra) ha sido una liberación. Ha sido como quitarme una piedra del zapato que llevaba ahí años.
Para llevar unas redes bien se necesita tiempo, dedicación, una estrategia, recursos... Y cuanto más visual es la rrss, más demandante es. Justo me va para publicar algo en redes Twitter, Bluesky y Mastodon, que son puro texto, que me nace de dentro escribir, que siempre encuentro una chorradica que contar, como para meterme en Instagram.
También, y como venía contándote en cartas anteriores, quiero ir desprendiéndome de plataformas usamericanas. Esta, de hecho, es la primera carta que recibes desde un nuevo servicio de mailing. He cambiado Mailchimp (USA) por Brevo (Francia). Esto lo hago también un poco por vosotras, las suscriptoras: siempre estarán mejor guardados tus datos en una empresa europea que no en una estadounidense, teniendo en cuenta que, pese a que yo sólo almaceno email, nombre y alguna info más concreta (por ejemplo, si has comprado alguna novela o descargado algún relato), el hecho de que estés suscrita a la newsletter lésbica de una chalada como yo ya cuenta bastante de ti, sorry.
Bueno, no me enrollo más y dejo aquí la carta. La semana que viene estaré comiendo espetos y tomando vino blanco. ¡A tu salud! 🥂
***