Carta 21 Septiembre. Me han descubierto

Me han descubierto. Mi identidad ha sido revelada. Mis dos mundos han encontrado una grieta por donde entremezclarse. Y no estoy nada cómoda.

Qué haremos con esta grieta
Que seguro crecerá?

Canta Carmen Boza, en "La grieta".

En realidad la grieta ya estaba ahí, pero la espesura al otro lado me salvaba de que se colara nada a este lado de mi identidad, donde estamos tú y yo y mis novelas.

Mi familia más directa sabía que escribía novela lésbica. Mi madre es co-titular de mi cuenta corriente y me preguntó por esos ingresos que me hacía Amazon cada mes. Se lo comenté, le pareció bien y a otra cosa mariposa. No hablar de cosas con las que no se siente cómoda es una personalidad y es la suya.

A mi hermana pequeña la usaba a veces de lectora beta (sin ser ella lesbiana ni nada, pero sí gran lectora), y la mayor también lo sabía pero mi perfil de escritora no es un tema del que se hable en las comidas.

Ahora, mi hermana mayor ha (re)descubierto que tengo unas cuantas novelas escritas. Más de las que ella pensaba. Me sigue en Instagram y se topó con un post donde promocionaba algunas de mis novelas. Le sorprendió que tuviera tantas y decidió comprar "Una estrella danzante". Imagino que eligió esa por la dedicatoria a nuestro padre. Precisamente fue ella quien me regaló una camiseta con la cita de Nietzsche: "Hace falta un caos en el interior para generar una estrella danzante". El caos de Jana son todas esas personalidades que crea para poder realizar su misión de espía. Su estrella danzante: la misión cumplida, el orgullo de su padre ausente y la reconciliación con su madre.

Me da pudor que mi personalidad de escritora lésbica salpique mi vida personal. Son dos mundos que tengo bien separados y me gustaría que siguieran así. Uso mis novelas para explicarme la vida y hay mucho de mí en ellas. Sí, escribo escenas eróticas, naturales y divertidas, pero eróticas al fin y al cabo. Pero las escribo para ti, no para mi hermana. Soy una mujer pudorosa al fin y al cabo. Por eso escribo supongo. Al escribir tengo tiempo para reflexionar, para medir hasta dónde quieres contar, para borrar y reescribir.

Este verano me está acompañando "Una mujer en fuga", una biografía de Carmen Laforet. Me está gustando mucho. La autora de "Nada" escribía cartas. Muchas cartas. A su profesora, a sus amigas, a su novio, a otras escritoras como Elena Fortún o Carmen Conde. En ellas volcaba su vida. También la deslizaba a través de sus novelas. Por eso entiendo sus reticencias cuando le pedían que escribiera una autobiografía. ¡Pero si ella ya había escrito su vida entera! Solo había que saber cómo leerla.

Laforet también era una mujer pudorosa, de ese pudor que te impide formar parte de una intelectualidad falsa, aduladora, ansiosa por relatarse a sí misma, de pertenecer a una generación.  Su caos interior lo originaban su sexualidad, su catolicismo, su autoexigencia, sus incomprensión por hacerla creer escritora de toda una generación cuando ella destruía papeles más de los que entregaba. Por eso la estrella que generó danzará para siempre.

Mi caos interior son todas mis identidades: la escritora, la profesional, la hija, la hermana, la novia, la tía, la fan de #Mafin, la que escucha compulsivamente a Yoly Saa. Mi estrella danzante: las novelas que escribo, donde vuelco todo lo que soy.

A. M. Irún será un pseudónimo, una falsa identidad, pero mis historias son todo honestidad.