Carta 20 Agosto. Escribir como terapia
Espero que agosto te esté tratando bien. Si me lees desde mi mismo hemisferio, probablemente estés con un ventilador cerca. Si eres afortunada, un aire acondicionado. Y si vives en el futuro, con un suelo radiante que te da fresquito en verano y calor en invierno.
Lo que me gusta a mí andar descalza por casa ❤️
Si me lees desde el hemisferio opuesto, espero que el invierno esté siendo clemente contigo.
Contesta a este email y dime qué temperatura hace donde estás.
Como sabes, recientemente he publicado una novela. Dos volúmenes en digital que se unen en un único libro en papel. La puedes empezar a leer aquí.
Para mí, terminar una novela no es ponerle el punto final y publicarla. En realidad, ahí empieza la historia.
Me explico.
Una (buena) novela no se acaba nunca. La escritora puede terminarla, pero sigue viviendo en las lecturas de las lectoras, valga la expresión. Incluso una lectora puede darle múltiples lecturas (múltiples vidas) si lee la novela en diferentes periodos de su vida.
Una novela tiene tantas vidas como lectoras. Y, en realidad, la primera lectora de una novela es la propia autora.
Durante la revisión del primer borrador, descubro aspectos de mí misma que desconocía. Y tiene todo el sentido porque cuando escribo lo hago para darme respuestas a dudas que tengo en la cabeza.
La primera versión de una novela es la más cruda, en todos los sentidos. Es cruda porque quizá carezca de ritmo o haya errores, pero también porque es la que está más pegada a la piel, es un trozo de carne que acabas de arrancarte. Es en esa primera lectura donde debo estar más viva, más atenta, para saber qué corregir y qué dejar intacto. Puede que descubra cosas que no sabía que tenía dentro, pero también otras que, aunque no me digan nada en ese momento, las dejo porque podrían conectar profundamente con otra lectora, o incluso conmigo misma en un futuro.
Escribir es como una terapia, las lectoras hacen de psicólogas haciendo lecturas que como escritora ni me había planteado, pero que al escribir desde dentro, están ahí, latentes. Quizá en el subconsciente.
Por eso escribo siempre desde el yo. He comentado en ocasiones anteriores que mis personajes son desdoblamientos de mí misma. Puede sonar egocéntrico pero, ¿desde qué otro lugar podría escribir si no? Escribir desde el yo es lo menos egocéntrico que hay.
Me explico de nuevo.
En esta era en la que nos creemos especiales y únicos conviene recordar que ninguna experiencia es individual. Publicas un post con una preocupación o un pensamiento, pensando que eres la única, y en seguida tienes respuestas de gente a la que le ha pasado lo mismo.
Y eso es guay.
Eso es vivir en comunidad.
Eso es estar conectadas.