Carta #4 Febrero. Retirada

Ayer sacó un EP Carmen Boza. Un EP es un disco cortito, seis canciones. Y Carmen Boza es una de mis artistas favoritas.

Para promocionar su nuevo EP, el jueves nos mandó un email a la gente que estábamos en su lista de correo y allí, en un pdf que tenías que descargar y que se hacía difícil leer en el móvil, anunciaba que ese iba a ser su último trabajo como Carmen Boza.

Leí la carta un par de veces, por si hubiera entendido mal. Boza siempre juega con las palabras en sus canciones, creando significados nuevos, dobles sentidos. Igual retirada no significaba aquí retirada, sino otra cosa.
Incapaz de encontrar el significado de esa otra cosa me metí en Twitter y leí lo que la gente había puesto sobre ella. Parecía que ninguno de nosotros había encontrado el otro significado de la palabra retirada y significaba eso, que se retiraba, que dejaba de hacer música para ella y pasaría a un rol de compositora para terceros.

💔

Y lo peor de todo es que su explicación me encajaba perfectamente como escritora de novela lésbica.

Ella, como creadora, está abrumada con el ritmo que nos impone el entorno digital, el algoritmo. La entiendo muchísimo. Al final, por querer satisfacer al algoritmo (sea Spoti, sea Kindle) te pierdes, te diluyes.

En todos estos años, la dinámica de autoexplotación con fines promocionales que un artista independiente debe incorporar a su rutina diaria no ha hecho más que intensificarse y reconozco que hace bastante tiempo que empecé a asumir no haber logrado cumplir con mis obligaciones como creadora en la economía de la atención.

Dice en la carta.
Igual Boza no vio la entrevista Rick Rubin, el un productor musical del que te hablé el mes pasado. O quizá sí, pero no le ha servido de mucho, o ya era tarde, o no está de acuerdo.
Ya sabemos, cómo seríamos
Y cómo nos comportaríamos
De no estar en la ruina
Pero no me dejaré arrastrar
Por lo poco que queda
De la doctrina

Yo siento una gran pérdida con esta retirada, me quedo huérfana de letrista, pero a la vez la entiendo y la comparto.

En la carta define su edad como "el risco de los treintaymuchos". Nuestras mentes milenials incapaces de asimilar, de engullir y digerir todo lo que acontece, lo que genera el mundo digital, lo que nos exige.
El extravagante léxico anoréxico en el fondo
Bulímico en la forma se nos torna en norma

Nos resistimos a perder la jerarquía de la información, esa en al que dices "qué pena" cuando ves un grupo de niños bombardeados en Gaza, y al siguiente scroll compartes el último meme de moda.

Hace días que me siento desconectada de la gente a la que sigo en Twitter. En parte la culpa la tiene Elon, por supuesto, pero también yo, que me empeño en seguir perteneciendo a un grupo que igual ya no me corresponde. Busco esa exposición, esa retroalimentación inmediata, pero me doy de bruces con nuevas artistas que no conozco, memes que no entiendo, y tendencias a las que llego tarde.

Soy como ese meme del señor Burns con gorro y camiseta.

Me pasa igual en el trabajo: todo es para ya, todo es importante, ya no hay orden, ni prioridad, ni foco, ni jerarquías. Y claro, todos como locos a ver vídeos de cómo ser más productivo porque no llegas.

La carrera de ratones se ha trasladado al entorno digital y hay que estar muy atenta para no quedarte tan enganchada en la rueda que ya no sepas salir.